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sábado, febrero 09, 2008

cero importancia



Aquella tarde de cotidiana aburrición laboral se prolongó conversando con una colega. Casi una amiga diríamos. Llegados a un cierto punto, ella le dijo, con cierto tono de normalidad, como para quitarle importancia, que la habían difamado.

"Seguramente", pensó su colega, "no será nada serio, pues con ese tono desenfadado, no puede ser nada serio". No es que fuera un chisme ni mucho menos. Era simplemente que uno iba diciendo cosas por ahí, cosas de ella que no eran ciertas y eso "grrrr!", gruñía ella, como para darle énfasis a su enojo, -la hacía rabiar.

Luego, como para cumplir con la costumbre, lanzó la esperada pregunta: "¿Qué hago?". Colega o no había que dar una opinión, es la costumbre y nadie quiere quedar como idiota ante el SOS sentimental. Una respuesta había que dar, aunque si, a decir verdad, por esos días no tenía excedente de neuronas. Y bueno, bajo la presión de las circunstancias dio su opinión.

Han pasado unas horas y una rara chispa de lucidez se ha hecho presente. Es así, debía haberlo pensado antes, tenía que haberlo captado al vuelo. En toda aquella conversación y en la subsiguiente opinión, había un agujero nebuloso.

Pero, vamos, para no dejar todo en oscuridad, digamos de una vez en qué consistía la susodicha difamación: Resulta que Merngana se había enterado por Sutana, que Fulana le había dicho que Perengano había comentado que Mengana lo había llamado para decirle una cosa cierta. Pero falso es que Mengana hubiese hablado con Perengano. Y eso -¡grrrr!, la enojaba-. Cabe repetir, sin embargo, que todo esto no era chisme, ni de cerca. Era un clamoroso caso de difamación. "Pero, ¿era esto así?", se preguntaba.

Con lucidez o sin ella, había caído en la cuenta que si fuera periodista de prestigio no se hubiese dejado engañar tan fácilmente. Pero no lo era, y sólo horas después se dio cuenta de que había formulado un cauce de acción, omitiendo un paso que no se debe omitir jamás: la comprobación de los hechos. ¿Había sido todo como decía Sutana? ¿En verdad Fulana había dicho esto o aquello? ¿Es cierto que Perengano comentó aquello?

La respuesta se le quedó en el aire. Y quizás no valga la pena averiguarlo, pues como le dijo su colega desenfadadamente, "este es un tema de cero importancia".

ps espero no me mates por postear esto :-)

lunes, diciembre 17, 2007

La "pata" coja...

Un joven -casi niño- de 14 o 15 años, mostraba cualidades para el atletismo: corría al aire libre, y el viento fresco azotaba su cara. Disfrutaba aquellas carreras y soñaba que quizás algún día llegaría a ser corredor de pista o quizás de fondo. Así pasaron tres o cuatro años.

El caso es que, como a los 18 años, un día -un buen día- fue reclutado por un club de atletismo (uno de tantos, porque hay muchos y muy buenos todos). Este club en particular le atraía especialmente. Así que no dudó en apuntarse y se entregó generosamente al programa de entrenamientos.

Pasaron los años y las cosas empezaron a salir mal . En parte por negligencia del mismo atleta; en parte por ineptitud de la junta directiva; en parte porque se le iban las fuerzas en otras cosas, en parte porque nadie le corregía su mala técnica; en parte porque no entendía a dónde lo llevaba todo eso, en parte porque el entrenador no sabía explicar bien las cosas; en parte porque comenzaba a tener otras ilusiones, en parte porque lo fueron relegando; en parte porque no hacía todo lo que le decían, en parte porque los entrenadores no se ponían de acuerdo; en parte... y en parte...

Total que llegó un momento en que aquel atleta, ya ni tan joven ni tan fuerte, cayó enfermo. Ya varios meses llevaba enfermo. La directiva del club no sabía qué hacer. Unos decían que había que esperar a que sanara para saber si servía todavía para el club; otros decían que ni sano serviría. El caso es que pasaba el tiempo.

Por aquel entonces vino a saber del caso un experto; que aunque al principio no quería, al final terminó interesándose por la situación. Este experto, sostenía que entre que si servía o no servía para el club, lo importante era ponerlo sano. Lo demás no le importaba demasiado. Así que le puso un programa de re-habilitación a aquel atleta. Pero el atleta, tan débil se encontraba y quizás un poco desconfiado, que aunque quería, no conseguía poner en práctica, ni siquiera el sencillo plan de re-habilitación. Sencillo o quizás difícil; porque el atleta seguía fijado con la idea de que o pertenecía a aquel club o no sería atleta en ningún lado.




¿Cómo termina la historia?