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miércoles, enero 23, 2008

De shopping en el tianguis

Un colorido de techos rosas y amarillos aguardan sigilosamente la llegada del miércoles. Así, se instala, a las afueras de la delegación Iztapalapa, uno de los tianguis más grandes del Distrito Federal: El Salado.

Cada semana hay camiones que descargan el "preciado tesoro", al menos así lo explica Pedro, quien aguarda para recoger una o dos pacas de ropa. Hay que verlas: gordas, arrugadas, sucias, malolientes; son 300 prendas que compran entre 5 mil y 6 mil pesos para luego venderlas a los transeuntes.

Trescientas prendas de ropa que venderán, las más baratas a 5 y 10 pesos, y las más caras a 150 pesos. La ropa se clasifica según su procedencia. La número 1 es la más "nice", bien cuidada, "buena marca"(como Banana Republic, Talbots, Ann Taylor, Gap, Liz Clairbone y mas), lavada y planchada. La clasificación llega hasta el número 4. Y así va de lo "más caro" a lo "más barato".

No sólo se encuentra ropa de paca. En un puesto de 20 por 30 centímetros un joven que tiene una cicatriz en la mejilla izquierda vende perfumes que "con mucho trabajo", dice, sustrajo de tiendas departamentales como Liverpool y Sanborns. Aquí los da a 100 pesos, allá cuestan 800 y 900.

Más adelante se ve un puesto de pinturas. Cubetas verdes, rojas, naranjas, azules, amarillas. Todos los colores que pueda alguien imaginar y que podrá comprar a sólo 150 pesos la cubeta. ¡No más casas sin pintar!

Y hay más. Si uno se adentra por las calles del mercado puede encontrar algunos animales a la venta. Hay esculturales gallos de pelea por 650 pesos y cachorros dálmata por 450.

--Llévelo, llévelo. --Bara, bara. --Discos originales por 40 pesos.

Hay un puesto donde se encuentran CDs originales y "nuevecitos" de Soda Stereo, Maná, el Trí, María Calas y Garbage, entre otros. El joven que los vende en cínica actitud dice que son robados, que es un trabajo difícil porque hay que pagarle a los "ratones" (hablando de ladrones y haciendo referencia a Ratatouille) y también hay que pagarle al que cuida y al que hace el "boquete". "Nosotros tenemos", dice, "lo que se le pierde a Mix Up".

Y para los fumadores hay cajetillas de cigarros directas de Cuba. A tan sólo 10 pesos una simpática señora, que rebasa los 60 años, las vende en una bolsa azul, de plástico, de esas que se usan para ir por el mandado. Si uno va por cigarros la encuentra, si no, no.

Se venden hasta salas y lavadoras viejas. Todo es de "segunda mano" y los ríos de gente van y vienen de un lugar a otro. Probablemente no aguantarán demasiado tiempo en un lugar donde el sol quema y los aromas van de la nariz al estómago... Huele a ropa vieja y sucia, huele a tepache, huele a quesadillas con mucha grasa, huele a polvo, en fin, allí ¡huele!

Y lo que es más triste es que miles de familias mexicanas se visten con ropa usada proveniente de Estados Unidos que pasa por la aduana de México como si nada. Las autoridades dicen o hacen o no dicen o no hacen, pero el hecho es que en El Salado cada miércoles, desde muy temprano, se pueden encontrar chamarras, pantalones, camisas, playeras y hasta ¡calzones!

Si alguien quiere ir de shopping por estas fechas y no gastar demasiado por "la cuesta de enero" allí está El Salado.

ps Aunque yo personalmente no se los recomiendo nada de nada ;-)





lunes, enero 14, 2008

Crónica de un viaje al Azteca



No preguntes cómo empezó todo. El chiste es que me encontraba con la tarea de llegar al Estadio Azteca y esto implicaba -en mi caso- hacer toda una excursión del norte de la Ciudad al sur; sí, mi querido sur hace unos dos meses abandonado...

Y como Rojo ya no está conmigo el viaje sería diferente. Esta vez no me sentaría como de costumbre, no pondría el CD de rock que me grabó mi hermano adolescente, ni en los momentos de asfixia prendería el aire acondicionado.

Me di a la tarea de superar todos los obstáculos (jaja). Primero caminé a la estación de camiones más cercana, esa micro me dejó justo a la mitad del camino (por Palmas para los que conocen el DF), después tomé otro que me dejó en Tlalpan (por cierto que aproveché el camino para leer una parte de las Confesiones de san Agustín...), y luego otro camión que me dejó no sé exactamente en qué parte del Estadio Azteca.

¡Qué pesadilla! Todo sucio (¡wlak!) Pero valió la pena. Llegué justo en el momento en que estos "artistas callejeros" se inspiran. Y estaban allí, pintando sus bocetos (arriba les dejo algunas fotos que saqué).

Todo comenzó por un concurso que se le ocurrió hacer a la SSPDF (o sease la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal). Pues esta Secretaría de nombre "pomposo" tiene una dependencia llamada: Unidad Antigraffiti..., y esta Unidad es la que organizó el "1er mega concurso de graffiti". ¡Pues vaya forma de sacarle los datos a todos los grafiteros!, nombre, dirección, mail, todos datos indispensables para poder participar en un concurso patrocinado por Comex.

Caminando me topé con Erik y toda su familia. Este "artista callejero" no llegó solo al recinto de Santa Úrsula -como es comúnmente conocido el Estadio-, iba acompañado de toda la familia. ¡Hasta la abuela estaba con ellos!

Y llegó el momento en que la "prudencia" me aconsejó abandonar el lugar y a mi querido acompañante que nada más llegar comenzó a hacerme la plática y no se separaba de mi como si en realidad hubiéramos llegado juntos (ja!, en fin...)

El camino de regreso fue otra excursión...