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jueves, octubre 04, 2007

Un burdel de papel

No puedo disimularlo. Tristeza es lo que siento. ¿Ver a Cervantes escribiendo en un burdel de papel? ¡Qué pena y qué tristeza! Yo ya sabía el género y de qué iba aquél periódico. Lo compré porque lo prometí, sólo por eso. Después la pena se convirtió en tristeza. Tristeza por ti y tristeza por mi Ciudad.

¡Y nos quejamos del mal gobierno!, que la corrupción..., la violencia..., desintegración familiar..., pobreza..., violaciones..., prostitución.... Nos quejamos... Y se supondría que los medios de comunicación están ahí para "denunciar", "defender" a la sociedad, promover el bien común, entretener, informar, y hasta podría darse el caso de "educar".

Podría... Pero tal parece que fuera un empeño por promover la corrupción, fomentar la violencia, aceptar -¿acaso tolerar?- la desintegración familiar, lucrar con la pobreza, ocasionar más violaciones y ¿legalizar? la prostitución. Me da asco y me da pena.

Me arrepiento por comprarlo, me arrepiento por leerlo. Tenía que hacerlo porque lo prometido es deuda y porque no puedo cerrar los ojos a la realidad. Y una vez más me queda claro que el principal interés de muchos -si no es que el único- es razonar: "¿Vende? ¡Hazlo!" ¡Claro!, parece la salida más práctica traficar con el morbo de la gente.

No estoy dispuesta. Es preciso estudiar profundamente las leyes que rigen a los medios de comunicación y hacer las reformas precisas. ¿Por qué será que la gente que lee y compra ese tipo de ¿diarios? es la más propensa a cometer o padecer la delincuencia?, ¿no tendrá alguna relación más o menos directamente proporcional?

Ahora que si puedes meterte al burdel y hacer algo de bien me da gusto. Yo no lo haría. Y como dice un buen amigo mío: ¡Hasta las puertas del infierno y no más allá!