Mostrando las entradas con la etiqueta la luna. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta la luna. Mostrar todas las entradas

jueves, agosto 06, 2009

cuando llueve la Luna


La Luna más hermosa podría seducirme, pero hoy me dejó tu ausencia a cambio de mi tristeza. Sentelleante me interrogó retadora: ¿llegarás con vida al final del verano?, ¿sobrevivirás después el otoño y el invierno?, ¿se te congelará el corazón luego de ver las hojas caer que algunos pisan indiferentes?, ¿te alcanzará la primavera una vez más para vestirte como el arcoiris?

No me confundo con la farola. This is the last one ever...

domingo, mayo 17, 2009

¿No entiendes?, no me sorprende...

Después de trabajar todo el fin de semana, decidí tomarme unos días de vacaciones. El lunes me fui temprano a la cama, cuando el Sol se estaba apenas levantando. Cuando desperté, me quité los jeans que llevaba puestos, me puse el pijama de corazones y las pantuflas de gamuza de la abuela. Tenía ganas de tomar café con las amigas, nos vimos junto a la alberca y jugamos volleyball con raquetas de pinpón. 

La Luna me daba la bienvenida y con su luz vi gusanos volar entre los árboles; en el cesped, había pececillos amarillos y plateados que parecían hacer surcos del tamaño de mi pie con sus escamas doradas. 

El cartero llegó en una simpática avioneta gritando mi nombre, me dio unos 50 sobres que creí haber enviado alguna vez, quizá meintras dormía... Eran cartas de Singapur, Malasia, Argentina, Roma y La Habana. ¿Cómo es que de destinos tan lejanos estaban todas dirigidas a mi nombre? Recibí una de Johanesburgo..., me contaba que cuando llueve es costumbre llevar el paragüas bajo los pies y que en cada esquina hay un árbol de chocolate amarago con envoltura metálica color naranja y que es gratis para la gente que tiene sed. Una del Lourve me decía que la Monalisa ya no sonríe desde que se topó un día con el David...

Tanta lectura comenzó a darme sueño cuando la Luna ya se estaba despidiendo. Me quité el pijama, me puse unos jeans ajustados con un jersey negro. Cené una banana con almendras y prendí la luz. Es hora de dormir.

¡Hasta mañana!

martes, marzo 10, 2009

Plata de luna

Esta libreta se tiene que terminar. Tiene sus hojas buenas y sus hojas malas. La mayoría con tachones y remiendos. Salpicada de sentimientos y pensamientos tan diversos, que de no conocer a su autora juraría está loca. Pero el loco soy yo, que me entretengo, danzando y gozando con esos trazos titubeantes. Es una caligrafía tan escarpada que estoy casi seguro toda se ha escrito al capricho del viento, el frío y el calor. Y otras tantas bajo la lluvia, con lápices de todos colores; generalmente mal afilados, con tendencia a los grises y sin borrar nada. Es por aquella absurda idea de retomar capítulos, ver lo que fue o podría haber sido. De hojas ásperas y amarillentas, tostadas por el sol y ondulas por la lluvia. ¿Quién será ese Sol que la alumbra?

miércoles, febrero 18, 2009

Del otro lado de la Luna



Te leo en la Luna. Me imagino tu rostro. Intento recordar tus ojos. Aquí sigo, del otro lado de la Luna. 

Me gusta imaginarla cuando no está, verla nacer y crecer hasta que es redonda redonda. Aquí, del otro lado de la Luna.

Y bailo bajo esos rayos que le roba al Sol. Del otro lado de la Luna, donde siempre es de día, con el reflejo del mar y el danzar de las olas.

A veces quisiera ver la Tierra desde la Luna y buscarte en ese mapa de montañas. Sonreírte y que sonrías al verla.

Dejarme llevar por su marea, escucharla cantar y susurrar los secretos que se guarda. Ser su amiga para decirle que te quiero.

I´m yours, del otro lado de la Luna...

 

miércoles, febrero 11, 2009

Así es

Unas gafas de sol y buena música. Podía ir por el camino acostumbrado o tomar la ruta "rápida". Decidí entrar por la carretera, el sol pegaba fuerte, el acelerador a fondo. Adrenalina pura. Me imaginé corriendo rodeada de zebras, a derecha e izquierda veía esas rayas blanquinegras confundirse a 140km/h.

Mi "riqueza" se redujo a nada con la primer caseta de cobro. Luego me perdí una y otra vez hasta que un guía disfrazado de taxista decidió "asaltar" mi cartera para llevarme al punto de reunión.

Y una vez más llegué tarde. Fue cuando descubrí que el tiempo juega en mi contra. Es como una maldición, no importa lo que haga, el tiempo siempre me roba de 10 a 30 minutos. Momentos en que sufro de angustia, me muerdo las uñas, fumo deseperadamente y pongo cara de lo siento.

Fue un buen café y mejor conversación. El regreso estuvo menos ajetreado, acompañada de la luna, pensamientos varios y una canción.