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martes, septiembre 22, 2009

Querido Juan, 

Hace un par de semanas me encontré enrolada en una de esas conversaciones que parecen remover el recoveco de mis recuerdos. ¿Te imaginas una charla de café, un te, un buen vino? Estaba yo con Margarita y su mamá, llegaron luego el vecino y la hermana mayor. La madre de Margarita logró intimidarme un poco. Es cierto, a poco que me dejo se tambalea este mundo hecho de ilusiones. 

Ella contaba de cuando viajó a Praga y el tiempo que le llevó olvidarse de su propia patria. Yo me sentí -me siento- como extranjera en mi tierra; hace años que salí huyendo, lo sabes, y ahora que vuelvo siento que no pertenezco ya más a ese sitio que tanto amé. ¿Me habré olvidado de los buenos tiempos?, ¿el dolor me ha borrado los recuerdos?, ¿me he convertido en ciudadana sin patria?, ¿o soy ya un eterno extranjero en tierra de nadie?

No me lo digas; como a ella, me da miedo volver; y como a ella, me da miedo quedarme. No reconoceré los campos, ni el riachuelo que pasaba junto a la casa, ni las tardes que perdí tumbada en el pasto jugando con las nubes mientras esperaba el anochecer para encontrar esa estrella fugáz que tanto me prometiste... Ahora me he vuelto desconfiada, ya lo ves. A poco que me viste partir dejé detrás de mi el castillo de naipes...

Espero tus letras, ya  te responderé a la vuelta y en persona. Tengo las maletas hechas, pero voy de paso -ya lo sabes-, que ahora me siento incapáz de quedarme quieta en ningún sitio. 

Siempre tuya, 

domingo, abril 19, 2009

Una carta...

Ha muerto. Se la han llevado al Cielo. Se marchó asi, sin decir adiós; aunque fue una muerte anunciada.
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Yo la quise, -la quiero-, la vi sonreír, nunca llorar, pero imagine que bien podría hacerlo. Seguramente sola y por las noches se tragó las lagrimas. Una madre fuerte y generosa. Querida por muchos, querida por mi.
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Le pido un beso ahora y le lloro los días que no le ví, los besos que me guarde, la visita que en planes se quedo y las gracias que siempre quise darle en persona y no me atreví.

martes, marzo 10, 2009

Plata de luna

Esta libreta se tiene que terminar. Tiene sus hojas buenas y sus hojas malas. La mayoría con tachones y remiendos. Salpicada de sentimientos y pensamientos tan diversos, que de no conocer a su autora juraría está loca. Pero el loco soy yo, que me entretengo, danzando y gozando con esos trazos titubeantes. Es una caligrafía tan escarpada que estoy casi seguro toda se ha escrito al capricho del viento, el frío y el calor. Y otras tantas bajo la lluvia, con lápices de todos colores; generalmente mal afilados, con tendencia a los grises y sin borrar nada. Es por aquella absurda idea de retomar capítulos, ver lo que fue o podría haber sido. De hojas ásperas y amarillentas, tostadas por el sol y ondulas por la lluvia. ¿Quién será ese Sol que la alumbra?

lunes, febrero 16, 2009

Ciao

La tarde se prolongó hasta el  momento de decir adiós. Y quizá te diste cuenta de lo torpe que soy para las despedidas. No me gusta ese momento que separa a las personas que se aman. 

Esta vez te dije "Ciao" un poco confundiendo el saludo con el momento de partir, y me quedé con las ganas de besarte las manos y sentir lo curtidas que seguramente las tienes de tanto "picar piedra".

Y lloré por tu culpa, porque me has "domesticado" y sólo el tiempo me dirá cuándo he de volverte a ver.

Pero te debo una comida y muchas cosas más que cumpliré mientras el Tiempo me siga dando tiempo...