Erase una vez... una pequeña niña que tenía sueños de ser grande. Convertirse en princesa, vivir en suntuosos palacios, lucir hermosos vestidos y tener un gran corazón eran sus deseos más ardientes.
Un apuesto caballero la esperaba y ella no lo notaba, pero él preparaba palacios, vestidos y su propio corazón para corresponder al gran amor de la pequeña. Era una criatura frágil como el cristal pero nadie lo sospechaba porque se escondía bien detrás de aquél roble que aparentaba ser.
Lloraba sola por las noches y creía que sus sueños nunca se harían realidad. Un buen día el príncipe no aguantó más y le declaró su amor. Aquél beso la dejó sin aliento y lo que era tristeza se fue transformando en alegría. Su rostro no podía disimularlo: era feliz porque su príncipe le tenía preparado todo eso y su corazón se fortalecía más y más junto al de él...
Erase una vez... una pequeña niña que tenía sueños de ser grande..., palacios, vestidos y sobre todo UN GRAN CORAZÓN...
