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martes, enero 22, 2008

un morral de la India


Cocos Nuns venía de una comida tipo hindú, eso me hizo recordar un libro que leí hace tiempo: ¡Liberen a los Niños! de Craig Kielburger. Un niño canadiense que a los 12 años se entera de la muerte de un niño paquistaní y en medio de la indignación y con el apoyo de sus papás emprende un viaje que lo llevará por lugares insospechados.

Organiza ruedas de prensa, conferencias, recaudación de fondos, y finalmente decide hacer un viaje a la India -justo ahí me enamoré de ese país- Al leer el libro se perciben muchas cosas, es tal la descripción que tengo grabadas en la memoria el tumulto y la pestilencia que se siente al llegar al aeropuerto; la comida condimentada que es "picosita"; el caos y el desorden...

El tiempo que pasó en la India le dio para conocer, entre otros personajes que descubrió en su vida, a la madre Teresa de Calcuta. Participó en redadas para liberar a los niños que vivían en condiciones deplorables. Algunos "comerciantes" lograban engañar a los padres de los niños ofreciéndoles estudio y comida a cambio de unas cuantas horas de trabajo... Una mentira con todas sus letras, los niños no sólo no estudiaban sino que apenas probaban un miserable plato de comida...

Me enamoré de India. Y en medio de la edad adolescente me imaginaba viviendo en aquél lejano país ayudando a liberar a los niños. Recuerdo que más de una vez lloré, sentí la injusticia y la impotencia.

La sociedad dividida en castas, la mugre, la pobreza extrema, la injusticia -a mi modo de ver-, en una palabra.

Así pasaron los años, dije que me iría a vivir a la India, que podría trabajar allá; además de recibir risas frente a mi propuesta un buen día me regalaron un morral de la India. Ya está viejito, pero me recuerda la ilusión de ese viaje...

Craig creció y se dedicó a una organización para combatir el trabajo infantil alrededor de todo el mundo. La iniciativa de un niño para los niños.


domingo, septiembre 09, 2007

Armando el rompecabezas...

Dicen que la vida está llena de sorpresas. Algunas alegran el alma y otras la dejan en tinieblas. Las que alegran el alma no generan mayores preguntas, se camina por ellas con la plena confianza del que no duda. En cambio, las otras, las que dejan el alma en tinieblas llenan todo de un clima de incertidumbre tal donde la duda y la desconfianza imperan (por triste que parezca decirlo...) Y la desconfianza tiene sus ventajas aunque no lo crean. Despierta ese espíritu investigador que algunos llevamos dentro... Aquí les va una "historia" que me contaron:

Había recibido aquella noticia. Era aterrador. Todo el panorama antes construido se derribó cuál castillo de naipes con un sólo manotazo. Pasaba de la incertidumbre a la nostalgia. Lo disimulaba bien, los demás la veían tranquila como si nada "malo" pasara. Pero no era así, por dentro se estaba rompiendo, no entendía y había algo que no le cuadraba. Había recibido mensajes dispares, unos apuntaban a una cosa y otros a la contraria, algunos más eran algo neutrales y por eso la confundían. Podría decirse que había una fuerte contradicción y ella bien lo notaba.

Las dudas iban y venían por su cabeza. Viajaban atolondradas. Y es que le habían cambiado la jugada más de una vez. Primero era la incertidumbre, luego el golpe duro y ahora un "cariño" más ficticio que no se lo traga.

Era una empresa aquella en la que estaba de esas transnacionales. Una organización como pocas. Los años en aquél lugar le habían dado algo de prestigio e información privilegiada. Ahora que se iba -¡la corrían!-, no querían que los datos se filtraran. Por eso el buen trato para evitar que en un futuro hablara mal y desprestigiara. Todo estaba bien planeado -pensado por muchos...- y lo conveniente parecía echarla de aquél lugar con algo de "alfombra roja" mal actuada.

Pero vamos, que no era nada tonta (aunque las apariencias dijeran lo contrario) Y no se creyó aquello del buen trato. Una noche se encontraba sola, la empresa aquella estaba a oscuras y la fuerte lluvia disimulaba sus pasos. Se adentró en el despacho, encontró aquella llave, abrió la caja fuerte y encontró el archivo que buscaba... Eran unas hojas amarillentas, tal vez por viejas, pero con un extraño olor a nuevo. Lo leyó todo, cada punto, cada coma. Algunas cosas tuvo que leerlas una y otra vez.

La verdad se iba aclarando. Todo estaba maquinado hace tiempo. Con información bastante subjetiva -ni el mismo consejo se ponía de acuerdo-. Le daba tristeza y coraje enterarse del gravísimo error que se estaba cometiendo. Hay cosas que no tienen solución y esta era una de aquellas cosas...

¿Hablar mal? No, qué flojera. ¿Hablar bien? Tampoco. (Si al hablar no has de agradar te será mejor callar). ¿Por qué no dirán las cosas claras? ¿Por qué le ocultarán la verdad? ¿Por qué hacen las cosas a sus espaldas? ¿Por qué manejarán ese "doble discurso"? Si la empresa sigue así, algún día va quebrar... Y eso será triste, muy triste...

viernes, agosto 17, 2007

Carcacha vs Volvo

Foto: Niño y carcacha, Ciudad de México (agosto 2007)

blanco - negro
día - noche
alto - chaparro
bueno - malo
gordo - flaco
viejo - nuevo
rico - pobre

Al parecer en la vida se presentan ciertas dualidades. Ciertas, porque no todo es dualidad... Como sea, venía de una de esas zonas high con niños "fresas" y carrazos del estilo Volvo, Mercedes y BMW. Luego me topé con el cuadro de arriba y como el tráfico era bastante me dió tiempo de tomarle esta foto.

Es curioso, ¿verdad? Un carro viejo -una carcacha- y un niño pobre. Pasaba por esos barrios que algunos conocen como "cinturones de pobreza" (esas zonas marginadas que rodean las metrópilis...)

Total que no se si se trate de contrastes o dualidades. Lo que me queda claro es que se trata de injusticias que para fines de mercado se denominan NSE (nivel socio-económico) ya sea A, AB, B+, C+, C, C-, D... y se podrían inventar muchos más.

Sí, a veces la vida es injusta y cuando vamos en un Volvo se nos olvida ver la carcacha..., y al niño despreocupado que corre por las calles...