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sábado, julio 18, 2009

Sucker summer.

For good, I do not know if I deserved it. 
You know I've been in the distance all my life, 
and I hate it. Then, I betrayed you. 

It just seems to be faraway and unreal, 
now I can feel the fear over my skin.
Your absence, my fate.


sábado, agosto 23, 2008

Y sentí miedo...

Once upon a time a little girl was living in this forest...
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Se llamaba Pauline, de cabellos largos-negros-rizados y ojos azules, encantaba a cualquier transeunte. Había quedado huérfana. Cinco otoños llevaba cuidando de su abuela, una anciana encorbada, de gris y gruesa cabellera y voz profunda. ¿Voz profunda?, quizá no le quedaba nada... Hablaba en secreto.
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Y así, un día calló. Sus labios dejaron de moverse y sus manos se volvieron frías y duras. Una lágrima de cristál resbaló por las mejillas de Pauline y su garganta se cerró. Contenía un grito de dolor.
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Abrazando el viejo medallón de la abuela llegó al lugar de las vacas, tomó un buen trago de leche caliente recién ordeñada y se internó en el bosque. Los aldeanos la buscaron noches enteras y nunca la encontraron.
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Dicen que en días de luna llena se le escucha cantar al meterse el sol. El bosque respira con su voz y la luz de la luna. Los árboles mueven sus raíces para acompañarla, el viento y las hojas bailan con los duendes y las hadas iluminan su camino.
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Nadie se atreve a internarse en el bosque en días de luna llena. Ninguno que se haya perdido hasta meterse el sol es capaz de contar las cosas que ve y escucha en aquél lugar...
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Pero los niños que entran y no cantan pierden la inocencia, dejan de creer en los cuentos de hadas y fruncen el seño con incredulidad. Y un hada muere y Pauline llora con más fuerza en la noche.
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Dicen que es por la abuela. Una vieja cascarrabias, grumpy granny la solían llamar...
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Por eso, al caminar sola en el bosque y cuando el sol ilumina de frente toda la cara de la luna, siento miedo y me pongo a tararear este "himno a la esperanza".

sábado, septiembre 01, 2007

experiencias de una "micro"

La semana pasada fue algo caótica. Más de un día al levantarme me parcaté de la cruda realidad: NO CAR! Y como any way tenía que ir a trabajar me puse el "dsifráz" y adelante. Cero tacones, unos buenos zapatos de piso (de los que ya me enamoré), un iPod con buena música y algo que leer.

Y como un amigo dice que "por buen humor no paramos" puedo decir que hasta los disfruté. ¿Recuerdan que describía al "chofer colectivo"? ¡Ja!, pues yo tuve uno..., y también la falta de espacio vital..., y el baño sauna (¡wlak!)..., y el miedito inevitable que a veces ataca... Eso sí, aproveché para leer y dormir.

Uno de esos días me pasó algo insólito. Les juro que a la fecha no lo creo. Me subí al bus, sin saber bien a bien por donde se iba, pero llegaba casi hasta mi casa -no lo podía creer, y en mi casa tampoco me creyeron...- Total, me subí y en eso veo entrar a "cuatro changos horribles" --¡Qué horror!; no, no juzgues a las personas por su apariencia..., ok, dont´worry...

Y luego entró un "niño monón" --Este anda perdido... Primero se sentó lejos de mi y luego junto a mi... --Al menos nadie más se sentará junto a mi, je!

Y después de más de una hora de estar juntos les prometo que no cruzamos palabra. Yo hablé por el cel con una amiga, luego recé el rosario, luego dormí, y después intenté leer un libro sobre comunicación no verbal (da para mucho, ¿verdad?)

Total que cuando estaba por bajarme le dije que si me dejaba pasar. Se levanto cual caballero de esos que escasean... --Gracias --De nada "fulanita" (yo cara de y este cómo sabe mi nombre) --Asi te llamas, ¿no es así? --¿Cómo sabes? --Lo leo en tus ojos (jajajaja, un sentimiento entre risa, miedo e incertidumbre se apoderó de mi) Me bajé y no lo he vuelto a ver y tampoco crean que tengo ganas de topármelo otra vez...

¿Quién habrá sido?, ¿lo conocía?, ¿cómo supo mi nombre?, ¿un ángel?, ¿un diablillo?, ¿un loco? Who knows...?