martes, mayo 15, 2007

Para entonces

Pedro me escribió. Dice que un amigo de Filipinas murió. Fue un infarto al corazón fulminante. Me pidió que rezara. Lo hice. No supe qué decirle.

Sucede en estas ocasiones que la mente se nubla y no logra articular bien las palabras y entonces no siempre expreso lo que siento...

Copio aquí algo que escribió un poeta mexicano. Me parece una buena respuesta:


Quiero morir cuando decline el día,
en alta mar y con la cara al cielo,
donde parezca sueño la agonía
y el alma un ave que remonta el vuelo.

No escuchar en los últimos instantes,
ya con el cielo y con el mar a solas,
más voces ni plegarias sollozantes
que el majestuoso tumbo de las olas.

Morir cuando la luz retira
sus áureas redes de la onda verde,
y ser como ese sol que lento expira;
algo muy luminoso que se pierde.

Morir, y joven; antes que destruya
el tiempo aleve la gentil corona,
cuando la vida dice aún: «Soy tuya»,
aunque sepamos bien que nos traiciona.

Manuel Gutierrez Nájera


2 comentarios:

Néstor dijo...

Lo siento. En una situación similar me acordé de la "Elegía a Ramón Sijé" de Miguel Hernández:
"Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado".
Te la presto.

Vania Ro Carpio dijo...

Cuando me paso algo parecido esto es lo único que pude decir, pues lo que sentía era muy extraño:

http://poli-kala.blogspot.com/2006/12/no-llores-si-me-amas.html