Si se funde un foco, si el coche no arranca, si la tele no se ve bien, si hay que instalar un programa, checar Internet y mil cosas más que tengan que ver con aparatos y máquinas es fácil pensar en un ingeniero (ingenebrios dirán algunos)
Las infinitas discusiones iban y venían cuando me hablaba de logística, de embalajes y no se qué tantas cosas más. Que son expertos en resolver problemas, qué los flujos y las arañas. Yo cara de what y siempre terminaba cambiando el rumbo de la conversación porque eso de los tiempos y movimientos y los numeritos pues como que no.
¿La logística del evento? ¡Bah! Hay que echarle coco y cualquiera lo puede hacer..., jaja
Pues les voy a contar un secreto: ¡ME DUELEN LOS PIES! Tarde me di cuenta que necesitaba más que un ingeniero para la tarea que tenía entre manos. "Hacer llegar unos papelitos a más de 10 mil niños repartidos en 200 camiones"
Ese es el problema ¿Cuál la solución? Una mujer en tacones con dos escuincles en medio de una jungla de camiones con sus choferes... ¡Auxilio!
Un industrial me hubiera dado una excelente solución. Pero un comunicólogo -cual bohemio- decidió pasearse en medio de la jungla y utilizar la herramienta que más le apasiona: LA PALABRA.




